La llegada a Madrid le envolvió en el aroma familiar que acariciaba su alma, mientras florecía la nostalgia de aquellos momentos vividos en Tokio. Ese viaje había zarandeado su estado interior; aunque no sabía si para bien o para mal. Lo que sí había cambiado era el color de lo cotidiano, y su recuerdo estremecía su alma.
En la primera clase se resistió a estrenar el hermoso judogi que compró en Asakusa. No fue una compra sencilla, la tienda se escondía en unas laberínticas calles de Tokio, y no había conexión a Internet. Aún así, la voluntad le llenó de fuerza para no desistir y obtener el traje bordado que había soñado.
Aquella búsqueda le marcó, y decidió guardarla junto a la energía nacida en su aventura japonesa.Determinó relacionar la puesta de ese traje bordado japonés, como un modo de conectar la profunda trasformación que recibió al pisar por primera vez el Instituto KODOKAN. Como una recreación de aquella maravillosa estancia, donde florecieron innumerables aprendizajes de judo y vida, entre silencios y palabras, acomodadas en un sinfín de ficciones que se hicieron realidades.
El primer día de clase brotaron una oleada de emociones al reencontrarse con sus alumnos. En ese instante fue consciente de la conexión que los unía. Los judokas lanzaban brillo en sus miradas deseando recibir los nuevos aprendizajes del lejano oriente, y su instrucción no encontraba la forma de trasmitir toda la lucidez recibida en esa experiencia.
Quería trasmitir todo lo que aprendió en Japón, decir, detallar, describir, pero aquello no era posible verbalizarlo, el conocimiento adquirido no podía salir en unas cuantas frases, o lecciones. Todo aquello era infinito, muy personal y no tenía una forma convencional.
Esa noche llegó a su casa con un paralizado vigor interno, y metió en la mochila aquel traje bordado que compró en Asakusa y se fue a dormir.
A la mañana siguiente volvió a la escuela y se vistió con aquel traje que compro en Asakusa.
Cerró los ojos y esperó…
http://kodokanjudoinstitute.org/en/.

Enseguida resurgieron evocaciones básicas, que resolvieron aquella dificultad, sobre un acertado sentido suave y flexible que concede este bonito arte de ceder. La lección se llenó de pasión entre prácticas y aprendizajes propios que encontraron su manera de fluir para aplicar lo aprendido.
La instrucción es hermosa, pero está plagada de obstáculos cuando se aspira a la mejor ilustración en la andadura docente. Cada maestro, a su manera, mantiene el entusiasmo y el deseo de transmitir su estilo, creando así una composición única y efectiva.
La enseñanza conduce a nuevos desafíos que obligan a reflexionar, moverse, renovarse y sobre todo, transforman el alma interior.
Esto es judo.
Texto y fotografía: Almudena López
*Sensei (先生) es el término japonés con el que se designa a un maestro, a un sabio o a una persona docta. … Literalmente, sensei significa ‘el que ha nacido antes’, a partir de los caracteres kanji sen (先 antes) sei (生 nacer, vida). https://es.wikipedia.org/wiki/Sensei

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