Reflexionando sobre la competición Infantil.


Hemos entrado en la era de exito y competición social. En mi condición de maestra de judo infantil recorro un proceso natural que estimula valores naturales sin necesidad de componer la competición como el fin absoluto y necesario. No tengo nada en contra la competición que me ha impulsado y formado durante un largo periodo de mi vida pero, la experiencia y el sentido común me presenta  un ínfimo porcentaje de personas logran participar en unos Juegos Olímpicos.

El excesivo enfoque al judo de competición limita la participación infantil en un deporte que juega con todas las cartas necesarias para la educación física. El judo florece los valores de la persona: la cortesia, el coraje, la sinceridad, el honor, la modestia, el respeto y la amistad. Por eso, no veo que tenga sentido componer el camino de la rivalidad desde la temprana edad, exalzando principios  que puede alejar más que integrar.

Los participantes deben luchar, el deporte se entrena para ello entendendiendo que no existe un único el camino en la victoria. Tiendo a posicionarme en la formación deportiva como un método de cambio de actitud en este mundo tremendamente protegido por los progenitores, en esas edades se tiene unas posibilidades magníficas que a veces no se estimulan por excesiva protección paternal. El cuidado y protección también limita condiciones físicas y personales que aumentan y crecen con el ejercicio y la experiencia.

La competición hay que prepararla, con planes conformes a los objetivos, las competiciones no son imprevisibles, por experiencia propia la competición internacional es verdaderamente complicada y dura. Además no siempre el entrenador acierta con la preparación y la necesidad de su atleta. La alta competición es una fortuna como todo aquello que aventaja, rebasa y destaca.

Es evidente que a la mayoría les gustaría ir a unos Juegos Olimpicos, pero también está claro que no todos tienen unas condiciones físicas virtuosas para llegar a aguantar esas duras cargas de trabajo. Por tanto, hacer deporte ha de ser una experiencia positiva, regeneradora de energía, educadora en las conductas sociales, saludables y sobretodo debe generar una salida ante las futuras contrariedades en la vida.

Cultivar el deporte es crear un futuro estilo de vida positivo. El judo puede ser un instrumento para caminar en ese sentido.

Almudena López

Fotos

Gonzalo Peréz.

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