El fundador del Judo el Primer impulsor del Judo Femenino

La llegada de la mujer al judo fue un propósito iniciado por su fundador. En 1893 es el primer año que Jigoro Kano empieza a entrenar una mujer llamada Sueko Ashiya, después de ella se propone otro desafío con otra alumna por “medicación” llamada Tomita, mostrando así los buenos efectos que podía producir el judo, “incluso siendo una mujer y estando enferma”.

El Maestro Kano pone mucho empeño y dedicación en el entrenamiento de las féminas, teniendo en cuenta la época y el inadecuado trato que Japón tenía sobre las mujeres. El entrenamiento en lucha no resultaba apropiado, tampoco se podía montar en bicicleta, ni siquiera, se dejaba lucir una falda corta que enseñara las piernas; dominaba un planteamiento mundial basado en el bienestar social, donde se definía el modelo de feminidad centrado en el cuidado de la familia y la maternidad. Jigoro Kano adapta los entrenamientos a sus necesidades y abre las puertas en Kodokan a las mujeres en 1923, demostrando que el entrenamiento de judo es muy efectivo para todos.

Sin embargo, el tiempo amplía las diferencias desde la comunidad que no corresponde al espacio que el maestro dejó reservado para las mujeres. Los expertos engendraron diferencias de género produciendo mensajes que sintonizaron con lo que agradaba a la mayoría del colectivo y que entonaba en la sociedad. De esta forma, impulsaron un judo restringido para ellas.
Se promovió la actividad con artículos en las Revistas cabeceras de la federación, basados en el libro de Jazarin “El Espíritu del Judo”, como ejemplo:

“consideró el judo como un camino educativo, varonil, excepcional, que puede convertir a los jóvenes en fuertes sanos y pacíficos, útiles a sus semejantes, más sociales y humanos, gracias a la renuncia progresiva de los complejos de inferioridad que afectan a la mayoría de ellos”.

Estos propósitos se continuaron durante años, añadiendo lemas aún más modernos, como el originado en Madrid en 1972: “Confíenos a su hijo: Le haremos un hombre”, aunque en estos años se empezó a integrar a las mujeres como golosa clientela para el negocio de los gimnasios.

La filosofía de Kano que aplica en su método “Judo Kodokan” reúne a todas “las personas independientemente de su edad o sexo, tampoco discrimina por nacionalidad”. El judo se predica como modelo de respeto y cortesía, pero las instituciones invitan a la práctica a ellas sin poder, ni notoriedad.

Estas diferencias se cree que han podido influir en el desarrollo natural de la actividad. Se aceptó a las mujeres, con el fin de mostrarles un camino saludable, comprometiendo a los maestros a cuidar de ellas. La actividad era con restricciones se prescribe dos conceptos de judo diferentes, con dos reglamentos idénticos, en el que las féminas participan con un papel secundario.

Hasta los años setenta se mantuvieron unas diferencias deportivas sobre el judo femenino, verificadas en España, que no varían en mucho de lo que sucedió en otros países, retardando la admisión en todas las áreas deportivas:

• No aceptación de la competición femenina.
• No admisión a los estamentos superiores, grados “dan”.
• No participación en las actividades de excelencia (docencia y arbitraje).

La limitación en el ascenso de grados se produjo a través de la tajante prohibición para competir impuesta a las mujeres, y que desembocaba la privación de acceder los grados superiores “Dan”, requisito indispensable para acceder al título de maestra- entrenadora y juez-arbitro nacional. La competición cerraba el embudo para conseguir lugares de privilegios.

La eliminación de diferencias formales no desvanece el pasado donde no hay lugar para rencores, simplemente se hace visible la trayectoria del judo femenino para contextualizar la historia en este deporte nutrido con símbolos. Hoy en día, los altos grados lo coronan hombres. El respeto y la pleitesía que se debe mostrar a los grados superiores, resulta una razón suficiente para argumentar diferencias en lo invisible.

 

 Almudena López.

Texto recogido de la investigación sobre el tratamiento de la Prensa al Judo Femenino para PhD thesis en la Universidad Complutense de Madrid por A.López.

 

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