LAS LIMITACIONES FEMENINAS DEL PASADO PRODUCEN DESIGUALDADES EN EL PRESENTE

El pasado del judo lo sufren las mujeres 

La actividad deportiva femenina progresó lenta y reglada, para no afectar al papel social femenino establecido en la función natural de reproducción y cuidado de la familia. Además, al judo se le añade su condición de lucha cuerpo a cuerpo, algo que desde su origen lo convirtió en una práctica exclusiva como patrimonio masculino, mal vista para las mujeres, y que estuvo prohibida a modo de actividad deportiva. Por tanto, desde el inicio los puestos excelentes y las gerencias federativas fueron dominados por los hombres, y ni el paso del tiempo, ni el buen papel demostrado por las mujeres en la competición ha cambiado esta situación que aún sigue supeditada a lo ocurrido en el pasado. 

En nuestras investigaciones sobre el origen y la filosofía del judo, su fundador, Jigoro Kano, se muestra como un pionero en la igualdad de género. Su diseño derivado de una antigua lucha tradicional llamada Ju Jujtsu, nace en 1882 con el intento de perfeccionar la mente y el cuerpo en equilibrio y armonía, algo que tenía sentido para ambos sexos. Con esta propósito, en el año 1926, se crea la sección de mujeres en el Instituto Kodokan, como un hecho innovador, que presentaba la actividad femenina como ejemplo del buen hacer del judo, que conseguía recoger la mejor esencia del judo como «arte del ceder».

Sin embargo, Kodokan, primera Institución de gobierno del judo, lo orienta como un modo de bienestar en la mujer a través del ejercicio físico apoyado en la “meditación y medicación” concentrando su interés por la extensión de la práctica y la suma de futuras clientas. Es así como se usa el buen propósito de su creador, sin distraerse del papel baladí que la cultura tradicional japonesa daba a las mujeres. 

En ese sentido, las primeras mujeres judokas que llegaron a Kodokan fueron familiares de los socios, que tomaron esta actividad femenina como una forma de enseñarlas a defenderse, mientras que la participantes lo vieron como un desafío. Ellas no cuestionaban sólo aceptaron lo que les fue asignado, sin ninguna aspiración deportiva. La sociedad no entendía el enfrentamiento, ni la notoriedad que otorgaba la competiciónellas exclusivamente podían entenderlo como un bienestar personal que se extendía a favor de la familia.  La lucha no encajaba con el patrón femenino, por tanto, desde Kodokan, cuna y referente del judo, se encaminó su instrucción a al desarrollo de las katas (de condición expositiva y alineado con el objetivo de formación en autodefensa) y de esta forma lo reproducirán más adelante en todos los países.

«La defensa personal fue la antesala del judo femenino»

A. López

“Como en todo el mundo, cuando una nueva alumna llega al Kodokan practica primero las caídas. Después de aprender las primeras proyecciones – barridos y volteos de cadera-, empieza el estudio del Ju-no-kata -Kata de la flexibilidad- que es obligatorio para el examen de primer dan femenino. Puede decirse que en Japón todo el entrenamiento de las mujeres está basado en este Kata”.

Revista Actualidades Nº 1 de 1961
Sensei KATSUKO UZEMU 9º DAN (kodokan) FOTO: Kozo Tsumura.

Esta idea del judo técnico perduró bastantes años. Así, en el estreno del judo como deporte Olímpico en los Juegos de Tokio ´64, sólo compitieron hombres, si bien se exhibió en la ceremonia de inauguración, una muestra del kata “Ju No Kata”realizado por las maestras Keiko Fukuda y Masako Moritori. Con esta exposición se presenta al mundo la posibilidad de la práctica femenina en un deporte de contacto, pero sin ambición, ni lucha. Y así perdura esta concepción hasta el año 1992, donde se estrena por primera vez la competición olímpica de mujeres, en los Juegos de Barcelona.

Así, la instrucción de la kata se convirtió en el modo más adecuado para componer el modelo femenino, eliminando la ambición competitiva, y entregando el papel social de elegancia, y saber estar en la acción que, por el lado competitivo concedía fuerza y valor a los varones. Sin embargo, el capricho de estereotipar el judo femenino curiosamente afectó a ambos géneros, ya que distanció la práctica masculina a las katas, por el antojo de relacionar a esta con las mujeres. Y más aún, llevó a los practicantes de katas a ser catalogados como hombres de menor valía, de modo que llegaban a este ejercicio al no poder ser buenos luchadores.

«Marcar diferencias en el deporte perjudica a todos» 

A.López.

El interés institucional y de los propios expertos para relacionar el judo con la virilidad, perjudicó la participación de las mujeres pero afectó a ambos, porque menospreció el entrenamiento masculino de las katas, por el antojo de relacionar lesta instrucción con el talante femenino, y eso propició que a los practicantes de katas se les consideraron hombres con menos fortaleza que entrenaban katas por no ser buenos luchadores.

Así, la instrucción de la kata se convirtió en el modo más adecuado para componer el modelo femenino, eliminando la ambición competitiva, y entregando el papel social de elegancia, y saber estar en la acción que, por el lado competitivo concedía fuerza y valor a los varones. Sin embargo, el capricho de estereotipar el judo femenino curiosamente afectó a ambos géneros, ya que distanció la práctica masculina a las katas, por el antojo de relacionar a esta con las mujeres. Y más aún, llevó a los practicantes de katas a ser catalogados como hombres de menor valía, de modo que llegaban a este ejercicio al no poder ser buenos luchadores.

No sólo fueron los condicionantes metodológicos de la práctica y el impedimento de competir fueron las únicas barreras a las que se enfrentaron las primeras judokas, también hubo normas limitadoras como, la imposibilidad de acceder a los grados “dan” superiores, tampoco a las titulaciones de docencia, ni al arbitraje.

En conclusión, el judo comenzó trazando distinciones y restricciones. Ahora bien, si nos fijamos en los valores originales que abandera, resulta una paradoja que los frenos participativos femeninos se proyectaran desde el propio colectivo, donde se hace gala atesorar los principios de identidad fijados sobre el respeto y la cortesía.

En cualquier caso, Creemos que esto no es sólo una actitud de esta comunidad, sino que fue el talante escogido por el deporte en general, al que hoy podemos decir que estuvo marcado por antojos y contradicciones que causaron un deterioro en la evolución natural de la actividad deportiva femenina, y otorgaron un papel secundario, y cuyos efectos aún se perciben en el presente.

La competición abre las posibilidades de acción

Las investigaciones sobre judo femenino publicadas en Japón por Noriko Mizoguchi y Kaory Yamaguchi, maestras nativas, nos han permitido conocer y aclarar cómo se produjo el desarrollo del judo femenino en Japón hasta nuestros días. Ambas coinciden en indicar, como señalábamos, que las grandes diferencias deportivas fueron instaladas por las instituciones de gobierno del propio judo, además, confirman que las mujeres judokas japonesas resolvieron sus diferencias mirando hacia el occidente, donde la evolución social, hasta convertir al judo en deporte, se produjo con anterioridad.

Yamaguchi, Kaori. (2012). 女子柔道の歴史と課題 /Mizoguchi, N.溝口紀子(2013). Sei to Yawara  性と柔” 河出書房

El judo femenino tardó en definirse como deporte. Aunque, nuestras investigaciones nos han llevado a declarar que la competición contribuyó a su crecimiento. Por una parte, es evidente que hasta que aparecen los primeros campeonatos nacionales y europeos, en los años setenta, no se extendieron de forma popular, hasta entonces estuvo destinado a las clases socioeconómicas elevadas, aquellas que gozaban de tiempo y recursos. Y, por otra parte, porque la apertura competitiva implica el cambio de metodología en el entrenamiento, lo que hace mejorar las cualidades físicas de las mujeres. Porque con el arranque competitivo se acaba con las clases exclusivamente femeninas, y surgen los principios de entrenamientos conjuntos. 

Ahora bien, los entrenamientos estuvieron dirigidos por sólo entrenadores masculinos, durante mucho años, y eso también tubo sus implicaciones porque aceptaron nuevos rumbos femeninos en el deporte, cuando aún no sabían entrenar a mujeres, por lo que las entrenaron como a hombres, algo que alejó a las que no fueron capaces de aguantar el ritmo masculino.  

Asimismo, nuestras investigaciones señalan que la competición internacionalmente contribuyó muy positivamente a la aceptación femenina en el judo generando un círculo virtuoso. Desde los años 70, se empieza a tener en cuenta a las mujeres junto a la “moda de los gimnasios”, algo que facilitó su incorporación, como una oportunidad para ganar clientes. De la misma forma, años más tarde, con la entrada del judo femenino a los Juegos Olímpicos, surgió la oportunidad de aumentar las opciones al éxito, junto a su reconocimiento entre las naciones. 

Japón retroalimenta a todas las comunidades extranjeras que miran al país de referencia original para diseñar sus progresos, Sin embargo, en el campo femenino fue, al contrario, las políticas de occidente a favor de las mujeres provocan cambios en el país del sol naciente para adaptarse y no quedarse atrás, porque comprendieron que las victorias de hombres y mujeres tenían el mismo valor, y había necesidad de posicionarse entre naciones donde se contabiliza los resultados.

El éxito aumenta el valor femenino, al mismo tiempo que lo rebaja en otros avances profesionales.

A.López

Afortunadamente, en la actualidad, existe una ajustada e innovadora participación competitiva del judo, con desafíos mixtos, como el campeonato por equipos combinado con hombres y mujeres hacia un objetivo común y los torneos de kata, con parejas combinadas; por lo que no parece que debieran existir diferencias asignadas al género. Sin embargo, estas mejoras innovadoras, no han terminado por conjugar los vaivenes y contradicciones que rondan en el ambiente.

En el judo no centra toda su actividad en la competición, hay otras líneas profesionales que aún no tienen una representación igualitaria. Según nuestros datos recogidos, hay pocas entrenadoras, arbitras y una simulada encomienda en los cargos de decisión y dirección de mujeres. Lo que supone un inconveniente para el crecimiento y mantenimiento de las políticas a favor de las mujeres en el judo. Además, esta ajustada igualdad participativa femenina en la competición no ha mejorado la inscripción participativa pues, las licencias deportivas se mantienen inamovibles desde el despegue de los años 90, sin indicativos de asemejar a las licencias deportivas masculinas, a pesar de pasar treinta años.

Es obvio que la competición y los resultados deportivos cuentan con el mayor apoyo institucional, pero se centrado su participación en el peso de sus méritos deportivos, que provoca un enfoque preferente y elimina las valías en las otras acciones dentro del deporte, por lo que, la exigencia del éxito en la competición se convierte en un nuevo lastre para florecimiento pleno de la mujer.

Respecto a la toma de decisiones, en este momento la ley intenta equilibrar ese enfoque desnivelado a la competición al obligar a una representación femenina en los órganos de gobierno del deporte, pero la realidad es que las aportaciones suelen ser figurativas y con poca maniobra. Con todo, diríamos que los aires de la competición consuelan, pero todavía estamos lejos de las decisiones en la gestión y gobierno en el judo en igualdad.

Como ya hemos mencionado, el estreno del judo femenino en unos Juegos Olímpicos se produjo veintiocho años más tarde que la masculina que se estrena en los Juegos de Tokio ´64. Con el desafío olímpico de la mujer se inician nuevos motivos para apoyar el brote femenino en el judo, y ello despliega políticas de apoyo que acrecientan su protagonismo.

Reconocimiento de los referentes femeninos

El judo es un deporte cargado de simbolismo, el grado de los cinturones expone visualmente el nivel de conocimientos y experiencias. Ahora, hay pocas mujeres con grados excelentes y ninguna 10º dan avalado Kodokan, como institución de mayor referencia internacional y cuna del judo.

Ni siquiera las mayores referentes femeninos de la historia del judo han logrado el máximo reconocimiento dentro de la comunidad. La maestra Keiko Fukuda simboliza el sentido original del judo a través del desarrollo personal, y Rena “Rusty” Kanokogi fue la mujer que defendió la práctica deportiva femenina en la competición, consiguiendo la participación competitiva en igualdad. Estas maestras, son indiscutiblemente las más representativas del judo femenino, por sus acciones distinguidas a favor de la mujer en el judo, sin embargo, a ninguna de ellas se le ha reconocido el grado supremo. Todavía hoy en día, el nivel superior 10º dan sólo lo disfrutan varones en Kodokan.

 

Los mayores referentes femeninos Keiko Fukuda que extiende el sentido original del judo y Rena “Rusty” Kanokogi que impulsa la competición femenina.

Esta situación de inferioridad jerárquica diríamos que viene originada por las antiguas prohibiciones y limitaciones que constituyeron las federaciones siguiendo las tendencias sociales del pasado. Para prohibir la actividades que se exigían en la consecución de los grados de excelencia.

Las desigualdades del pasado siguen latentes en el presente

A. López.

Hoy en día, es un deporte donde existe una ajustada e innovadora participación competitiva con desafíos compartidos, como los campeonatos por equipos mixtos, hacia un objetivo común, y en los torneos de kata, con parejas combinadas. A pesar de estas mejoras participativas no se ha terminado de conjugar los vaivenes y contradicciones que rondan en el ambiente de este deporte. 

En judo existen torneos de kata, con parejas mixtas.

Lo acaecido en el pasado con la decisión de prohibir la competición femenina no sólo limito el desarrollo deportivo, también detuvo su evolución profesional y descartó las representación femenina en los lugares de excelencia, porque había una normativa que obligaba a competir con los otros aspirantes para acceder a los dan o grados superiores. Y sin competición no había posibilidad de promoción. Al mismo tiempo, para obtener las titulaciones de maestra o arbitra era necesario atesorar un grado alto, por lo que la prohibición de competir no dejó avanzar en otras direcciones.

La imposición de retrasar algunas actividades eliminando la posibilidad de una práctica completa, junto a la organización escalonada del judo, dispuesta por los méritos en actividades que estuvieron prohibidas a las mujeres en el pasado, producen una desventaja hacen que las mujeres partan de una posición retrasada y desfavorable La parada recibida de los años preliminares ha producido una desventaja en el crecimiento deportivo natural femenino, porque restaron experiencia y notoriedad, y ahora en el presente se hacen visibles, en un deporte jerarquizado, y fiel a unas tradiciones de normas inamovibles, que son las que marcan el nivel del practicante.

IMAGEN DEL PROGRAMA JOSHI JUDO (coordinado por A.López,B,Martín y A. García)

Por tanto, a pesar de la desaparición de estas restricciones femeninas, y las nuevas políticas participativas, se parte de una posición retrasada y desfavorable que debería tenerse en cuenta y recibir una adaptación adecuada para lograr un reconocimiento en igualdad en el presente.

En resumen, podríamos decir que las restricciones recibidas por políticas del pasado aún mantienen su impacto en la actualidad. y seguirá el desfase hasta que se creen políticas de discriminación positiva que reparen el daño y devuelvan aquello que se restó en el pasado.

TEXTO ®️Almudena López 

FOTOS ®️Gonzalo Pérez

*Judo considerado deporte de contacto y arte marcial de origen japonés. El término japonés puede traducirse como «Camino de la suavidad» » propósito flexible». Con esa designación su fundador Jigoro Kano quiso señalar la base de esta actividad física descrito a través de un desarrollo físico, mental y emocional .

*Kōdōkan (講道館 Kōdōkan?) o Instituto Kōdōkan, es la sede central de la comunidad mundial de judo. Fue fundado en 1882 por Jigoro Kano creador del judo, y se ubica en Tokio en un edificio de ocho plantas. También es el organismo responsable de revisar las extensiones técnicas y adaptarlas a las tendencias sociales.

[1] Fukuda, K. (1973). Born for the mat. A Kodokan Kata Textbook for Women. Japón. Kodokan.

[2] López Chaves. A. (2019). Tesis Doctoral “El tratamiento del judo femenino en la prensa española (1972-2012)”. UCM. Madrid.

[3] Kano, J. (1986). Kodokan Judo. Tokyo. Kodansha Internacional.

[4] Yamaguchi, Kaori. (2012). 女子柔道の歴史と課題 Joshi judo no rekishi to kadai. Tokio. 日本武道館 Nihon Budokan. (En japonés).

[8] Ju no Kata fue inventada en 1887 para desarrollar la fuerza, el equilibrio y la flexibilidad en practicantes de judo femeninas neófitas. Esta kata se parece un ejercicio gimnasta, donde  los participantes se mueven en una grácil cooperación sin proyecciones ni caídas. Son secuencias de ataque y defensa. Incluso hoy en día, a menudo las mujeres completan los equipos de Ju no Kata en las competiciones, pero los hombres veteranos practicantes de judo también son solicitados para demostrar su habilidad”. Lance Gatling. 2008 La Primera Competición Internacional De Katas. Judo Kodokan Y Sus Katas. Revista de Artes Marciales Asiáticas Volumen 3 Número 2 (80-89).

[9] Hirano, K. (2018). Reflections of Keiko Fukuda: true stories from the renowned Judo Grand Master. USA. Choice.

[10] Mizoguchi, N.溝口紀子(2013). Sei to Yawara  性と柔” 河出書房Tokio. Kawade Shobo. (En japonés).

[11] Yamaguchi, K. (2012). 女子柔道の歴史と課題 Joshi judo no rekishi to kadai. Tokio. 日本武道館 Nihon Budokan. (En japonés). P. 17.

[12] Molinero, C. “Mujer, franquismo, fascismo. La clausura forzada en un ́mundo pequeño”Historia Social. Nº 30, pp. 97­-117.

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