LAS RESTRICCIONES DE LA PRÁCTICA DE JUDO EN EL PASADO PRODUCEN DESIGUALDADES EN EL PRESENTE

MUJERES EN EL JUDO

El judo fue patrimonio masculino durante muchos años. En general, la actividad deportiva femenina ha tenido una aceptación lenta y reglada, guiada por los planteamientos médicos y sociales que definían el modelo femenino orientado a la maternidad y el cuidado de la familia. Este pensamiento hizo que las primeras experiencias femeninas en el judo fueran un desafío. Estos motivos llevaron a que las primeras estudiantes de judo no tuvieran ninguna aspiración deportiva, simplemente lo toman como reto emocionante o un aprendizaje de autodefensa, defendido por el entorno por tomado como un método de protección. Digamos que la defensa personal fue la antesala del judo femenino, dejaba lejos la asignación deportiva.

La defensa personal fue la antesala del judo femenino.

Almudena López

Jigoro Kano formuló una práctica sin distinciones, ni acciones dañinas, con una idea holística dirigida al desarrollo global de la persona. Su lema fue “Desarrollar la mente y el cuerpo en armonía” algo que encaja con ambos géneros, su deseo fue un judo sin distinciones de edad o sexo. Sin embargo, el Instituto Kodokan tardó once años en aceptar a las mujeres, según cuenta la prensa rondaba la idea social de salvaguardar la fertilidad y el pensamiento sobre su fragilidad física.

La apertura de la división femenina en Kodokan fue considerada un acto innovador y revolucionario, a pesar del retraso de cuarenta y cuatro años desde su inauguración. En el año 1926 se registran las primeras inscripciones femeninas con nueve mujeres. todas ellas familiares o próximas a los socios, que tuvieron que cumplir con unas condiciones especiales exigidas sólo a ellas. Una fue la obligación de entrenar acompañada por una instructora que debía vigilar a los maestros en la instrucción.

 Del periodo de prohibición se pasó a la aceptación con limitaciones, acordado por los convencionalismos y condicionamientos ambientales. Los primeros propósitos para el judo femenino que se asignaron fueron “meditar y medicar”, porque la mayor preocupación se centró en el bienestar de las participantes, queriendo cuidar su salud y las relaciones sociales. En aquel momento, la lucha no encajaba con el patrón femenino. Eso se unió al interés institucional que, para ganar practicantes, relacionaron el judo con los valores masculinos, algo que no benefició a la acogida de mujeres.

Los primeros pasos del judo femenino se encaminaron a la instrucción de la kata, por su condición expositiva que encajaba perfectamente con la construcción social femenina del momento, asimismo, resolvía el compromiso de proteger a las mujeres porque adiestraba en la defensa personal.

“Como en todo el mundo, cuando una nueva alumna llega al Kodokan practica primero las caídas. Después de aprender las primeras proyecciones – barridos y volteos de cadera-, empieza el estudio del Ju-no-kata -Kata de la flexibilidad- que es obligatorio para el examen de primer dan femenino. Puede decirse que en Japón todo el entrenamiento de las mujeres está basado en este Kata”.

Sensei KATSUKO UZEMU 9º DAN (kodokan) FOTO: Kozo Tsumura.

En el estreno competitivo de los Juegos Olímpicos de Tokio ´64, las maestras Keiko Fukuda y Masako Moritori realizan una exhibición de “Ju No Kata” y con ello, muestran la posibilidad de hacer judo femenino, con la imagen tal y como se tomaba desde el país de origen. Se proyecta la parte más armoniosa del judo y junto al comienzo olímpico, esto abre dos vertientes diferentes en fondo y forma, y sin pretenderlo refleja dos formas de judo asignadas al género del participante.

La kata fue el modo más adecuado para componer el modelo femenino, eliminando la ambición competitiva, y entregando un papel de elegancia y saber estar en la acción. Aunque, el capricho de estereotipar el judo femenino afectó a ambos géneros, porque distanció a los hombres de esta instrucción, por el antojo de relacionar la kata con la mujer. Esta causa llevó a los practicantes de katas a catalogarlos con los hombres de menos fortaleza que llegaban a este ejercicio por no ser buenos luchadores.

Si atendemos a los principios originales del judo, resulta una paradoja que los frenos participativos se proyectaran desde el propio colectivo, que por un lado hacía gala de unos valores de identidad enfocados en la cortesía y respeto, y por otro, señalaba distinciones de género, con normas especiales y limitaciones para las mujeres. Creemos que la historia del judo, y del deporte en general, está marcado por un cumulo de contradicciones que detuvieron el desarrollo natural de la actividad femenina y asignó un papel secundario a la mujer, donde su rastro sigue disfrazado.

Las investigaciones sobre judo femenino publicadas por las maestras japonesas Noriko Mizoguchi y Kaory Yamaguchi nos han permitido aclarar el desarrollo del judo femenino en Japón con datos históricos. Ambas coinciden en apuntar que las grandes diferencias deportivas fueron instaladas por las instituciones de gobierno del propio judo, y confirman que las mujeres judokas japonesas resolvieron sus diferencias mirando hacia el occidente, donde la evolución social se produjo con anterioridad.

Yamaguchi, Kaori. (2012). 女子柔道の歴史と課題 /Mizoguchi, N.溝口紀子(2013). Sei to Yawara  性と柔” 河出書房

Le crecimiento del judo femenino no fue igual en todas las naciones, mientras el japonés buscó bienestar, en Europa se identificó con el empoderamiento y las primeras olas feministas europeas, adelantándose en la organización competitiva y en la participación del mismo campo de entreno.  Entre tanto, en norteamericana se interpreta el judo femenino como “defensa y salud”, excluyendo la parte espiritual de los asiáticos.

En general, el judo femenino tardó en definirse como deporte, y su inicio deportivo no se extendió de forma popular, previamente estuvo destinado a las clases socioeconómicas elevadas, que eran las que gozaban de tiempo y recursos, así como, sobre aquellas que recibieron el respaldo en su entorno más próximo. Todo cambia con la apertura competitiva, esto mejora e impulsa una variación estructural en el entrenamiento unida al avance del desarrollo físico. Asimismo, los torneos abren nuevas oportunidades de acción a las mujeres, como la obtención de los títulos de docencia y arbitraje.

Nuestras investigaciones señalan que la competición contribuyó a la aceptación femenina en el judo. En los años 70 su incorporación se tomo como una oportunidad para ganar clientes, junto a la “moda de los gimnasios”, y años más tarde, con la entrada a los Juegos Olímpicos, se presentó como un aumento de las opciones al éxito, y de reconocimientopara las naciones, ya que las victorias de hombres y mujeres tenían el mismo valor.

La competición acaba con las clases exclusivas femeninas, los entrenamientos comienzan a ser conjuntos, aunque dirigidos por entrenadores masculinos.  Teniendo en cuenta que hasta mediados de los años setenta no se permite a las mujeres acceder a formación oficial de entrenadora. La competición se impulsa, pero con pocas guías en los equipos y escasas arbitras en torneos oficiales.

Los primeros impulsos evidentes de la actividad femenina de judo se produjeron en Europa en los años setenta con el acceso a los dan superiores, a los cursos de maestrías y a las competiciones. En 1975 se celebra el primer europeo en Múnich, y cinco años más tarde, en 1980, el mundial en Nueva York, mientras Japón seguía fuertemente vinculado a sus tradiciones. Al país de origen le costó entender la actividad competitiva de la mujer, pero cuando deducen que en occidente la actividad competitiva estaba creciendo, no quisieron quedarse atrás y comenzaron a apoya la lucha.

La participación en los Juegos Olímpicos se produjo veintiocho años más tarde que la masculina, debido a los criterios asignados desde el Comité Olímpico Internacional condicionado por los primeros idearios olímpicos. El judo se hace olímpico en los Juegos de Tokio ´64 y el femenino se estrena en los Juegos de Seúl ´88, como deporte deexhibición, y oficialmente en Barcelona ´92. Con el desafío olímpico de la mujer se inician nuevos motivos para apoyar el brote femenino en el judo, y ello despliega políticas de apoyo que acrecientan su protagonismo.

Los mayores referentes femeninos Keiko Fukuda que extiende el sentido original del judo y Rena “Rusty” Kanokogi que lanza la competición.

Los mayores referentes femeninos son la maestra Keiko Fukuda que extiende el sentido original del judo a través del desarrollo personal femenino, y por otro lado la maestra Rena “Rusty” Kanokogi que lanza la práctica deportiva femenina sobre la competición, consiguiendo la igualdad en este desarrollo del judo. Estas maestras, son indiscutiblemente las más representativas del judo femenino, por sus distinguidas acciones, sin embargo, a ninguna de ellas se le ha reconocido el grado más supremo. A la maestra Fukuda se le concedió el 10º dan, desde la federación de USA, pero únicamente le reconocieron el 9º dan, en Kodokan, a pesar de ser una de las pioneras del judo japonés. Todavía hoy en día, el nivel superior 10º dan sólo lo disfrutan varones.

Actualmente, revisando el panorama deportivo no parece que existan diferencias serias por el genero entre los practicantes de judo, cuando lo normal es encontrarse un proporcional trato mediático, con noticias e imágenes de mujeres compitiendo y logrando éxitos en los torneos. Ahora bien, este apoyo institucional ha desencadenado un foco exclusivo en los resultados competitivos como el único registro de valor para la mujer, y esto supone un inconveniente en su completo progreso.

La igualdad participativa en la competición no ha mejorado la inscripción participativa que sigue inamovible, desde el despegue de los años 90, y no existen indicativos de igualar a las licencias deportivas masculinas. Así como hay poco recorrido en otras áreas de actividad, su aportación es baja, hay pocas entrenadoras, arbitras y exiguos cargos de decisión y dirección de mujeres, según destapan los datos, lo que supone un inconveniente para el crecimiento y mantenimiento de las mujeres en el judo.

En judo existen los torneos de kata, con parejas mixtas.

Hoy en día, es un deporte donde existe una ajustada e innovadora participación competitiva, con desafíos mixtos, como el campeonato por equipos combinado con hombres y mujeres, hacia un objetivo común, y en los torneos de kata, con parejas mezcladas. A pesar de esto, las mejoras llevadas a cabo, no han terminado por conjugar los vaivenes y contradicciones que rondan en el ambiente. Actualmente, por ley se obliga a una representación, pero las aportaciones son figurativas y con poca maniobra. Con todo, diríamos que los aires de la competición consuelan, pero todavía estamos lejos de las decisiones en la gestión y gobierno en el judo en igualdad.

Las prohibiciones y limitaciones deportivas del pasado las sitúa a las mujeres en unas condiciones inferiores por la restricción competitiva, que impidió el ascenso a los dan superiores y frenó la obtención de las titulaciones oficiales de docencia y arbitraje, debido a la norma de sostener un alto grado para su consecución de estas titulaciones. En definitiva, la restricción femenina en la competición freno el avance y desarrollo de las mujeres en otras actividades, lo que ha producido un desfase que todavía sigue latente.

IMAGEN DEL PROGRAMA JOSHI JUDO (coordinado por A.López,B,Martín y A. García)

Podríamos decir que las políticas deportivas de austeridad participativa del pasado aún mantienen el impacto en la actualidad. La parada recibida de los años preliminares ha influido en la expansión natural femenina, ya que las limitaciones del pasado restaron experiencia y notoriedad, y ahora desencadenan poquedad en los grados de excelencia. La desventaja de comenzar más tarde la práctica completa, junto a la organización jerárquica del judo, nos ayuda a entender porque en el presente no existe una adecuada representación femenina en los lugares de excelencia.

Los datos muestran que persiste una desigualdad palpable debido a la organización escalonada del judo, dispuesta por los méritos en actividades que estuvieron prohibidas a las mujeres en el pasado. Por tanto, a pesar de la desaparición de estas restricciones femeninas, se parte de una posición retrasada y desfavorable que debería tenerse en cuenta para lograr un reconocimiento en igualdad.

TEXTO ®️Almudena López 

FOTO ®️Gonzalo Pérez

[1] Fukuda, K. (1973). Born for the mat. A Kodokan Kata Textbook for Women. Japón. Kodokan.

[2] López Chaves. A. (2019). Tesis Doctoral “El tratamiento del judo femenino en la prensa española (1972-2012)”. UCM. Madrid.

[3] Kano, J. (1986). Kodokan Judo. Tokyo. Kodansha Internacional.

[4] Yamaguchi, Kaori. (2012). 女子柔道の歴史と課題 Joshi judo no rekishi to kadai. Tokio. 日本武道館 Nihon Budokan. (En japonés).

[8] Ju no Kata fue inventada en 1887 para desarrollar la fuerza, el equilibrio y la flexibilidad en practicantes de judo femeninas neófitas. Esta kata se parece un ejercicio gimnasta, donde  los participantes se mueven en una grácil cooperación sin proyecciones ni caídas. Son secuencias de ataque y defensa. Incluso hoy en día, a menudo las mujeres completan los equipos de Ju no Kata en las competiciones, pero los hombres veteranos practicantes de judo también son solicitados para demostrar su habilidad”. Lance Gatling. 2008 La Primera Competición Internacional De Katas. Judo Kodokan Y Sus Katas. Revista de Artes Marciales Asiáticas Volumen 3 Número 2 (80-89).

[9] Hirano, K. (2018). Reflections of Keiko Fukuda: true stories from the renowned Judo Grand Master. USA. Choice.

[10] Mizoguchi, N.溝口紀子(2013). Sei to Yawara  性と柔” 河出書房Tokio. Kawade Shobo. (En japonés).

[11] Yamaguchi, K. (2012). 女子柔道の歴史と課題 Joshi judo no rekishi to kadai. Tokio. 日本武道館 Nihon Budokan. (En japonés). P. 17.

[12] Molinero, C. “Mujer, franquismo, fascismo. La clausura forzada en un ́mundo pequeño”Historia Social. Nº 30, pp. 97­-117.

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